Relatos de Talibés

Durante el largo proceso de recoger los testimonios, fui tomando fotos de cada uno de los niños entrevistados con mi teléfono móvil. Muchas fotos las tomé en el espacio de tiempo en que pensaban las respuestas.

Después dibuje los retratos a partir de esas fotos, intentando atrapar lo más fielmente posible sus miradas y expresiones. Y en una última fase del dibujo, modifiqué algunos rasgos de los rostros para evitar que los retratos pudieran servir para identificarlos.

En cuanto al grafismo, he jugado con la máxima de menos es más. Desde un principio tuve claro que los retratos serian con un fondo blanco, con la intención de liberar a los protagonistas de su entorno y evitar que la ciudad  les robara protagonismo.

Un proyecto personal como este, interviene más el sentimiento de empatía que la habilidad de un buen trazo. Me propuse dibujar a estos niños, simplemente como niños. Evitando la representación de una imagen estereotipada o negativa. Intenté dibujar a cada niño desde su persona, y no desde sus heridas y circunstancias.

En ese sentido creo que es necesario otro tipo de imágenes, que vengan a representar lo que nos une. La clave está en situarse en el lugar del otro. Ya lo dijo una vez un poeta; “el otro soy yo”.

DAUD | http://daud-illustration.com/


Samba, 7 años

«Nuestros padres nos entregaron al morabito para recibir una buena educación. Cuando llegamos a la ciudad, el morabito nos dio sólo un poco de comida, porque no tiene suficiente para alimentar a todos sus talibés. Entonces, nos obligó a ir en busca de dinero y comida. Así que nos vamos a la calle a mendigar desde la mañana hasta la noche para conseguir dinero, esa es la voluntad de nuestro morabito. De mayor, quiero ser un buen estudiante.»

Seydou, 9 años

«Nos levantamos a las 6 de la mañana y salimos en busca de dinero, una suma de seiscientos 600 francos (1 €) al día. No conseguimos siempre esa cantidad y nos riñen acusándonos de pasar el tiempo jugando en la calle. También, conseguimos arroz, azúcar y otras cosas para alimentarnos, pero el dinero que recogemos es para el morabito. Cuando regresamos al final del día y no hemos conseguido dinero suficiente, tenemos miedo a las represalias, porque nos golpean en la cabeza y en espalda. Algún día seré campeón de lucha tradicional y de karate.»

Ismael, 8 años

«Cuando mi padre me entregó al morabito, estuve mucho tiempo enfadado. Después, me hice amigo de otros talibés y fui olvidándome de mi familia. Al principio, fue difícil pero ahora estoy acostumbrado a vivir de esta manera. Ya sé cómo comportarme para evitar los abusos que suceden aquí en la daara. Ahora mis compañeros son como mi familia. Sueño con tener un balón y ropa deportiva. Quiero ser un buen jugador de fútbol.»

Daouda, 10 años

«Antes cuando estábamos recién llegados a la ciudad, nos gustaba mucho explorar las calles de Dakar. Pero ahora tenemos muchas obligaciones con el morabito y hay todo tipo de problemas y peligros en la ciudad. No estamos bien, y sufrimos maltratos en la daara. Nos obligan a caminar durante todo el día por las calles para mendigar. Tengo miedo de hablar más por las represalias. Me gustaría volver a mi pueblo con mi familia.»

Samba, 11 años

«Muchos de mis compañeros talibés quieren volver a su pueblo con sus padres. Pero yo no, ahora me gusta estar aquí en la ciudad, hay mucha animación en las calles y muchos restaurantes donde la gente nos da dinero y comida. Esto es muy diferente de nuestro pueblo, donde no hay nada de todas estas cosas. A veces, sueño que estoy en un bonito restaurante comiendo arroz con carne y pescado.»

Moussa, 9 años

«Existen muchos peligros en la ciudad sobre todo en la noche. Tenemos miedo de la policía que nos persigue en la calle para arrestarnos. Algunos compañeros talibés fueron atrapados por la policía y nunca más regresaron. Cuando duermo a veces sueño que estoy tratando de hablar con mi madre y con mi padre, pero ellos no me responden. Algún día me gustaría poder ser un niño normal, ir a la escuela y no ser perseguido por agentes de policía.»

Babacar, 10 años

«Ninguno de nosotros hemos vuelto a ver a nuestros padres ni hermanos ni a las personas que conocemos en el pueblo natal. Antes de llegar a Dakar, hemos tenido una buena vida y la echamos de menos. Si pudiera pedir algo, si alguien nos escuchara, solicitaría al gobierno que ayude a los talibés a tener suficiente comida y una buena escuela. Sueño siempre con el fútbol porque es un deporte que puede dar un montón de dinero.»

Seydou, 7 años

«A veces sueño con mis hermanos y con mi pueblo natal y otras veces sueño que me persiguen unos atracadores y nos roban todo el dinero que hemos conseguido mendigando en la calle. Después, nuestro marabú nos pega una paliza porque no traemos nada de dinero. Pero mi sueño preferido, es cuando estoy jugando fútbol con los mejores jugadores y al acabar el partido soy elegido el mejor jugador del mundo.»

Ibrahima, 11 años

«Cuando termina el día estamos agotados, es por eso que nos gusta mucho la noche porque es cuando podemos descansar. Dormimos todos juntos en el suelo sobre esterillas, no tenemos mantas o ropa de abrigo y pasamos frio. Cuando nos levantamos por la mañana empezamos a caminar muy deprisa para quitarnos el frio del cuerpo. Y esperamos que salga el sol para calentarnos un poco. Quiero dejar esta vida, estoy cansado. ¿Porque no puedo tener una vida normal?»

Omar, 7 años

«Hay personas que viven cerca de la casa del morabito y nos traen comida preparada, es cuando podemos comer algo por la mañana temprano antes de salir a pedir limosna. Pero la mayoría de nuestros alimentos lo encontramos en la calle o buscando en la basura. A veces estamos enfermos y nos duele el vientre por comer cosas en mal estado. También tenemos heridas en los pies y en las piernas que nos duelen al caminar. Me gustaría ser un gran jugador de futbol en un equipo de Europa.»

Ousmane, 10 años

«Me acuerdo de un mal sueño. El morabito me ordenó mendigar en las calles. Fui y volví tarde sin traer nada de dinero. Me agarró y me golpeó mucho. Durante la vivencia del sueño yo estuve gritando en voz alta. Un compañero talibé me despertó para preguntarme lo que me pasaba y por qué estaba gritando. Mi deseo siempre es jugar al fútbol, es el momento en el que estamos más contentos.»

Yaya, 11 años

«Nuestros padres saben que estamos mendigando en las calles, saben que no estamos bien, pero no pueden hacer nada. Para nosotros ya es demasiado tarde para empezar a estudiar en una escuela, pero podemos hacer otras cosas como trabajar. Pedimos al gobierno que haga algo para nuestro futuro, que nos enseñen un oficio, que nos ayuden a lograr un buen trabajo en proyectos agrícolas para tener una vida mejor. Sueño con ganar dinero para ayudar a mis padres.»

Mamadou, 12 años

«Si pudiéramos elegir, nos gustaría mucho ir a la escuela para aprender a leer y escribir en francés, y en los tiempos libres estudiar el Corán. Es lo que hacen los niños normales. A veces, pienso en lo que queremos para el futuro, y nos gustaría llegar a ser personas normales con una casa, un coche y casarnos con mujeres hermosas. Queremos ser felices, porque somos jóvenes y el futuro está delante de nosotros.»